El 8 de septiembre de 1930 se inauguraba en unas dependencias de la Casa de la Vall la primera Biblioteca Nacional.

         La iniciativa de la creación de una biblioteca en Andorra surgió de la Societat Andorrana de Residents a Barcelona, un hecho
         que debe enmarcarse en la época de la emigración hacia los países vecinos que sufrió el Principado durante las dos primeras
         décadas del siglo. Desde el exilio económico, los jóvenes andorranos promovían actividades e iniciativas diferentes que iban
         encaminadas a mejorar las condiciones de vida, materiales y espirituales de su añorado país.En los artículos del Boletín de la
         entidad promotora podemos seguir el proceso de creación de la biblioteca: los escritos que reclamaban la necesidad de una
         biblioteca, los agradecimientos a las personas y a las entidades que donaron los libros, los actos de la inauguración, el
         llamamiento a la población para que la utilizase, etc.

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         La biblioteca se instaló en la llamada sala dels passos perduts de la Casa de la Vall: "El Molt Il·lustre Consell de la República
         cedió muy gustosamente una de las mejores Salas de que consta el Palacio donde celebran los históricos Consells de les Valls.
         La sala está adornada con pinturas murales antiguas y de gran valor artístico será un marco muy apropiado con las obras
         maestras de los mejores escritores en la que todo reclamará respeto y veneración a un lugar que será una fuente para
         todos los habitantes de este modesto país". (Butlletí de la Societat de residents a Barcelona, abril de 1930, p. 59)

         Además de acoger la biblioteca, en esta sala estudiaban los niños de Andorra la Vella que iban a la escuela francesa o se
         instalaban los miembros de la Comissió Codificadora del Dret Català, según nos muestra una fotografía del año 1959 apa-
         recida en la revista Andorra: Miscel·lània cultural


         La dotación del fondo bibliográfico llegó desde diversas entidades, la Associació Protectora de l'Ensenyança Catalana, la
         Il·lustració Catalana, el Sindicat de Metges de Catalunya, el Club Excursionista Montgrony y el Centre Excursionista de
         Catalunya; y también de la aportación de particulares, como los señores Feliu Elies, M. Faura Sanç, J. Serra Vilaró y Manel
         Galilea. Al frente de aquella pequeña y entrañable biblioteca se puso a Bonaventura Armengol, el maestro Orelleta, maestro
         de profesión y, seguramente, bibliotecario de vocación.